Hubo un tiempo en que la Tierra era un lugar muy diferente. Las selvas cubrían gran parte del planeta y los bosques de pinos y araucarias llegaban hasta los mismos polos. Las grandes cordilleras actuales no existían y había mares donde hoy hay tierra firme. Salvo por unas pocas especies de insectos, no reconoceríamos ese mundo si nos transportasen a él.

En aquel mundo antiguo se originó el ámbar, testigo de la desaparición de los últimos dinosaurios.

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¿Qué es el ámbar y cuál es su origen?

Aunque se clasifica dentro de las piedras semipreciosas, el preciado ámbar, no es ni un mineral ni una piedra en el sentido estricto de la palabra. Entra dentro de la categoría de mineraloides, una piedra de origen orgánico, surgida de un ser vivo, como el azabache, el nácar o el coral.

resina

Algunas pequeñas porciones de las resinas que surgieron de los árboles que poblaban aquellos bosques pretéritos cayeron al suelo, y enterradas se preservaron y transformaron en ámbar mediante un proceso de fosilización que duró millones de años.

Estas resinas afortunadas han llegado hasta nuestros días en forma de cálidas piedras doradas como el Sol, pequeñas cápsulas del tiempo a menudo con mensajes en su interior en forma de restos de animales o plantas desaparecidos que estimulan la imaginación de científicos y cineastas.

El ámbar en la Historia

La fascinación del Hombre por el ámbar viene de muy antiguo, no se sabe a ciencia cierta desde cuándo, pero sí que podemos asegurar, gracias a antiguas joyas, que las primeras civilizaciones ya lo conocían y valoraban. En Grecia y Roma, en el antiguo Egipto y antes que en todos ellos, en Mesopotamia, se utilizó el ámbar para confeccionar adornos, amuletos y como ingrediente en medicinas. También se conocía y utilizaba en Persia, la lejana India y aún más allá.

La particular apariencia de esta piedra tan extraña y ligera hizo volar la imaginación de nuestros antepasados, que a menudo la identificaron con el Sol o con las lágrimas de Dioses y Héroes.

“El ámbar procede de más allá de la India, de las aves meleágrides que entonan lamentos por Meleagro.”
– Sófocles

Sin embargo, algunos acabaron por intuir el verdadero origen del ámbar. Plinio el Viejo, historiador romano, ya menciona en sus escritos como un autor griego anterior dice que el “electrum” es un fósil que se extrae en Escitia, es decir en los territorios al norte del Mar Negro.

Lugares de extracción

Por aquel entonces, en Occidente, prácticamente todo el ámbar que se conocía provenía de las costas del Báltico en el norte de Europa, mientras que en Oriente sus fuentes se encontraban en la remota Birmania. Ambos lugares lejos de las grandes civilizaciones de la época.

Así, de un modo similar a como existió la ruta de la seda o la del incienso, existió también la ruta del ámbar, que conectó las regiones bárbaras del norte de Europa con los imperios del Mediterráneo, una ruta que ya fue explotada por etruscos y fenicios.

Aunque con los siglos se han ido descubriendo nuevos yacimientos de ámbar por todo el mundo, el del Báltico sigue constituyendo el 90% de la producción global. El otro diez por ciento restante se obtiene de países como Estados Unidos, Méjico, República Dominicana, Siberia, el Líbano o España.

Variedades y Características

El ámbar extraído en cada una de estas regiones es diferente, no sólo por su aspecto, sino por sus características y propiedades físicas y químicas.

Esto es así debido a que en cada lugar, el ámbar se originó en distintos períodos geológicos terrestres. Por ejemplo, el ámbar libanés es, de media, 60 ó 70 millones de años más antiguo que el del báltico, que a su vez es 40 ó 50 años más antiguo que el dominicano. Además, en cada zona, las resinas que lo originaron provenían de árboles de distintas familias.

Todo ello hace que de cada yacimiento se obtengan piedras muy diferentes, con mayores o menores durezas y composiciones químicas y propiedades ópticas distintas.

El ámbar se carga de electricidad estática

Los nombres que se le han dado a esta piedra en las diferentes culturas han estado relacionados con sus propiedades físicas. Por ejemplo, los griegos lo denominaron “electro” por su propiedad de atraer plumas o semillas tras frotarlo con lana, de aquello la electricidad obtuvo su nombre, mientras que los árabes lo llamaron ánbar: piedra que flota.

Y no sólo eso, ya que si bien dentro de una misma zona se pueden encontrar muchas tonalidades de ámbar diferentes, hay algunas donde ciertos colores son prácticamente inexistentes y otras donde son especialmente abundantes, como es el caso del famoso ámbar azul de República dominicana, donde se encuentran las piedras azules de mayor tamaño.

Otra de las diferencias se encuentra, como no, en la abundancia y el tipo de  inclusiones. Los restos de vegetales, animales o insectos varían enormemente según la procedencia.

Por lo demás y atendiendo sólo al color, los expertos clasifican más de 200 tonalidades de ámbar, que se encuentran entre el amarillo más claro y el negro (más bien marrón oscuro), pasando por el verde y el azul.

Imitaciones

Como todo lo que tiene valor, el ámbar es objeto de multitud de falsificaciones e imitaciones, algunas de ellas realmente difíciles de detectar. El vidrio, los plásticos, las resinas epoxi o el poliéster por citar unos cuantos, son materiales con los que habitualmente se fabrican estas imitaciones.

Y aunque en algunos casos pueden ser muy buenas y se debe recurrir a profesionales para detectarlas, lo más habitual es que si se conoce bien el ámbar y sus propiedades se pueda distinguir una falsificación rápidamente.

Usos

Por otro lado, si al ámbar siempre se le ha codiciado, no ha sido sólo por su aspecto, sino también por sus propiedades imposibles de imitar.

Entre estas, se encuentra la facilidad con la que, mediante calor, se puede derretir la piedra que al quemarse produce un suave aroma que sigue siendo muy utilizado en inciensos y aceites esenciales. De hecho, con el sólo contacto prolongado de la piel, desprende algo de olor que al frotarlo se hace más intenso.

Esta no es la única cualidad del ámbar que se manifiesta al entrar en contacto con la piel, pues siempre se pensó que el contacto prolongado con objetos de este material era beneficioso para la salud.

Al ámbar se le han atribuido propiedades antiinflamatorias, analgésicas y anti-reumáticas y también se le ha utilizado como ingrediente en medicinas para la garganta y el estómago.

el ámbar como medicina

No quedaban libres de estas propiedades curativas algunos males psíquicos y espirituales, como el insomnio y otras aflicciones relacionadas con las energías del cuerpo y el espíritu.

Podemos suponer que muchas de estas propiedades son fruto de la superstición o de antiguas creencias, pero también es cierto que la ciencia moderna ha venido a demostrar que todos estos usos ancestrales pueden tener una sólida base.

El ámbar es rico en ácido succínico, una sustancia que en su justa medida, está demostrado que tiene efectos muy beneficiosos sobre el organismo.

No por nada, en Roma al ámbar se le llamó el oro del norte.

Cuidados

Sin embargo, es especialmente importante que antes de adquirir una pieza de ámbar, se sea consciente que todas estas propiedades tienen un coste, y es que el ámbar, por tratarse de una piedra, es especialmente delicado . Por ello, conviene tener las siguientes precauciones:

  • Hay que tener cuidado con exponerlo a fuentes de calor o incluso al sol durante un tiempo prolongado.
  • Debido a que no es tan duro como otras piedras, se raya fácilmente al contacto con éstas por lo que es mejor guardarlo por separado y, a ser posible, en oscuridad.
  • No debe manipularse demasiado y nunca con las manos manchadas de aceites o productos químicos, de lo contrario su superficie se volverá opaca y blanquecina.
  • Y, por el mismo motivo, si va a estar en contacto con la piel, conviene que se eviten las lacas, maquillajes o perfumes en exceso.
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