Los colgantes y collares de ámbar tienen una larguísima tradición siendo, posiblemente, los primeros adornos confeccionados con este material. Han sido usados desde tiempos inmemoriales como talismanes y como signos distintivos de nobleza y jerarquía.

Todavía hoy, existe en los países bálticos y Rusia, la antigua costumbre, de poner a los bebés collares de ámbar como protección frente a los males y enfermedades.

Por lo demás, la poca dureza del ámbar le permite ser pulido, cortado y tallado con facilidad, lo que le convierte una de las piedras favoritas de los joyeros y diseñadores, que desde hace unos años han retomado con fuerza el uso del ámbar combinándolo con oro y sobre todo con plata.

Al contrario que otras piedras, las formas preferidas para colgantes y collares son suaves y curvas. Los cabujones, dientes de tigre, corazones y lágrimas son los diseños más habituales para lucir al cuello, mientras que las esferas y cuentas irregulares suelen dar forma a la mayor parte de los collares y pulseras.

Además, al tratarse de una piedra cálida y suave al tacto, estos accesorios son muy cómodos de vestir, más si cabe por el hecho de que es una piedra muy ligera que permite lucir joyas grandes y vistosas sin apenas peso.

Estas características hacen del ámbar una piedra muy versátil, que combina perfectamente tanto con una sencilla blusa blanca y unos vaqueros como con un elegante vestido de noche, tan sólo escogiendo la pieza más adecuada y más acorde al gusto y la imagen de quien la viste.