Una de las características distintivas del ámbar es su olor. A diferencia de las verdaderas piedras, que no huelen en absoluto, el ámbar desprende un suave aroma que es más intenso cuanto más caliente se encuentra la piedra.

De hecho, sólo con frotarlo o mantenerlo a temperatura corporal ya se comienza a intuir su fragancia a resina. Esto es así, porque a diferencia de otros fósiles que son esencialmente minerales, el ámbar es el resultado de una serie de cambios en la composición química de la resina prehistórica que lo originó.

Esta propiedad del ámbar era ya conocida por los antiguos habitantes del norte de Europa que no sólo lo utilizaron como adorno o elemento decorativo, sino que también lo quemaron para ofrecerlo a los dioses del mismo modo que en otras latitudes usaron el incienso. No en vano, la palabra para ámbar en alemán es “bernstein” de “bern” arder y “stein” piedra. Es decir, piedra que arde.

 
aroma de ámbar
 

La gente lo quemaba habitualmente y no sólo con fines religiosos, sino también curativos o de un modo mucho más práctico, para sencillamente calentarse. En zonas de Rusia se echaba polvo de ámbar en los braseros para facilitar la curación de los enfermos y en muchos otros sitios, el humo de ámbar se empleaba para curar afecciones respiratorias.

Hoy día se valora lo suficiente esta piedra como para no usarla como combustible. Sin embargo, su esencia se sigue empleando en pequeñas cantidades como ingrediente de perfumes e inciensos.

La esencia ambarina que contienen estos productos también se comercializa y se obtiene destilando el aceite que se obtiene tras derretir el ámbar a 200 grados centígrados. Este aceite de color amarillo pálido era conocido antiguamente como Oleum Succinum y fue utilizado en siglos anteriores como ingrediente en remedios medicinales.

Ahora bien, hay que saber que la mayor parte de las fragancias e inciensos que se venden y que se identifican como con olor a ámbar, en realidad para no encarecerse, no lo contienen. El término ámbar en perfumería describe los aromas con características similares a éste que se utilizan como sucedáneo y que suelen estar compuestos de benjuí, copal, vainilla o laúdano.