Se entiende por ámbar amarillo a todo aquel que presenta un color que va desde el amarillo más claro y casi transparente hasta un tono casi como la miel, más oscuro que eso, se habla de ámbar marrón o rojo.

Este color, el primero en ser descubierto y durante mucho tiempo el único conocido en esta piedra semipreciosa, abarca una gran gama de tonalidades entre la que se encuentra el color ámbar propiamente dicho.

Las piedras de este color ámbar anaranjado proceden tradicionalmente de las costas del Mar Báltico y han sido muy codiciadas desde los tiempos más antiguos, antes incluso del nacimiento de la antigua Roma o de Grecia. Estas piedras constituyen el ámbar clásico y son las que dan nombre al color.

Posteriormente se han ido descubriendo muchos otros colores y no sólo ya en los depósitos del Báltico, sino en otras partes del mundo donde, en algunos casos la excepción es justamente este color. En estos otros yacimientos las piedras obtenidas proceden de la fosilización de resinas diferentes y aunque siguen siendo ámbar propiamente dicho, su composición química es diferente y reciben otros nombres científicos.

Hoy día el ámbar amarillo sigue siendo el más común y representa aproximadamente un 70% del total extraído en todo el mundo. Cuando se trata de esta coloración, la variedad más valorada es la conocida como succinita, exclusiva del Báltico y cuya dureza la hace especialmente apta para los trabajos de joyería y tallado.

Es por este color que los pueblos antiguos asociaron a la piedra del ámbar con el sol, la calidez y la vida y en el caso de los chinos con los tigres, cuyos espíritus imaginaban que al morir se transformaban en ámbar.

 
ámbar de color azul

Ámbar Azul

El más exótico y codiciado.

ámbar color blanco

Ámbar Blanco

Elegante y escaso.

ámbar color negro

Ámbar Negro

Repleto de restos orgánicos.

ámbar rojo

Ámbar Rojo

Sangre de dragón.

ámbar de color verde

Ámbar Verde

Espléndido y no tan caro.